UNIVERSIDAD DEL TOLIMA- IDEAD- CREAD BOGOTÁ -TUNAL
SEGUIMIENTO DEL PROCESO TEMÁTICO
SEGUIMIENTO DEL PROCESO TEMÁTICO
CURSO Desarrollo de los Valores Humanos
ÁMBITO 2 – 4 – 5
FECHA 26-09-09
AUTOR Diana María Andrade Vidales.
CÓDIGO 083050352005
SEMESTRE 9º
GRUPO 1
TEMA
EL DECRETO 230 DE 2002
TEXTO ANALÍTICO
LA EVALUACIÓN, PARTE FUNDAMENTAL E INTEGRAL DEL PROCESO DE APRENDIZAJE
La forma de enseñar en la educación Básica y Media está cambiando aceleradamente y este cambio se debe en buena parte a la influencia de los avances tecnológicos en la sociedad contemporánea. El aula escolar está pasando de la enseñanza centrada en el maestro al aprendizaje centrado en el estudiante, práctica que requiere un compromiso muy activo por parte de éste último (el estudiante) y la exploración, entre otros, por parte del primero ( maestros) de métodos de evaluación más efectivos.
En el nuevo panorama educativo, es fundamental que la evaluación sea parte integral en el proceso de aprendizaje; que aporte información útil para estudiantes, profesores e instituciones, que se aplique continuamente y, propicie la discusión sobre las falencias detectadas en el aprendizaje a fin de poner en marcha acciones correctivas.
La evaluación, en la práctica, funciona como un sistema autónomo del proceso de aprendizaje y su intención es la de otorgar una nota o calificación al estudiante. Con el fin de disipar algunas dudas en este tema tan polémico, es importante hacer una serie de reflexiones en torno a su papel como parte integral del proceso de aprendizaje.
En primer lugar, tanto los gobiernos como la comunidad académica, conformada por maestros y profesores de todos los niveles del sistema educativo, muestran una gran preocupación por el tema de la evaluación.
En realidad distintos gobiernos en diferentes ocasiones han planteado interrogantes acerca de los sistemas y las formas de evaluación de los estudiantes y han promulgado leyes y decretos. Sin embargo, por desgracia, en muy pocas oportunidades se trata de una preocupación genuina; en general obedece a planteamientos populistas coyunturales. El planteamiento de lo inapropiado de los sistemas y formas de evaluación, en la forma que normalmente se hace, es simplista y lo que hace es enredar más el problema. Realmente el problema de fondo debería ser nuestro interés por lograr que los estudiantes aprendan, el interés porque los estudiantes se desarrollen y alcancen las metas que se proponen bien sea para una asignatura particular, para un grado específico, o para un nivel de la educación bien sea éste preescolar, básica, secundaria o la educación superior.
Ahora bien, plantear lo inapropiados que son los sistemas y formas de evaluación enreda las cosas, esto quiere decir que, al parecer la gente considera que, independientemente de la forma de aprendizaje y de enseñanza, existe un sistema autónomo de evaluación cuyo fin es contarle a otros cómo se desempeña un estudiante y lo hace utilizando una nota. Por el contrario, la evaluación hace parte integral del proceso de aprendizaje y no puede ni debe ser disociado de éste. Por lo tanto, el papel primario de la evaluación en el proceso individual de aprendizaje es obtener información útil que, al ser transmitida rápidamente al estudiante, le permita saber, en todo momento, si va por el camino apropiado para alcanzar las metas que se le han propuesto. Dicha información le permitirá al estudiante por sí sólo, o con la guía del profesor, conocer sus deficiencias y sus fortalezas, y, en el primer caso, le posibilitará idearse actividades o estrategias que le permitan superarlas. Este es el verdadero propósito de la evaluación y su importancia está en guiar el proceso de aprendizaje y no en contarle a otros cómo se desempeña el estudiante.
En segundo lugar, la diferencia de concepción se debe básicamente a dos cosas: En primera instancia a que no se concibe la evaluación como parte integral del proceso de aprendizaje. En segunda instancia, y esto en realidad es una consecuencia de la primera razón, a las imágenes mentales que manejamos profesores, estudiantes y padres de familia. Cuando hablamos de evaluación muchos de nosotros asociamos evaluación con examen, y cuando hablamos de examen inmediatamente asociamos examen con nota, como si la única razón de la evaluación, como si su esencia misma, fuese asignar notas a los estudiantes.
Están tan arraigadas dichas imágenes que cuando se nos propone para discusión el tema de la evaluación, no es raro encontrar opiniones del tipo "la calificación de exámenes y trabajos son momentos muy aburridores", "la evaluación es un mal necesario", "la calificación de exámenes es lo único malo de ser profesor", "la evaluación es necesaria para cumplir con requisitos de la institución (o del Ministerio)","la evaluación no debería existir". Todo este tipo de opiniones, que son por lo demás muy comunes, se basa en considerar que una cosa es el proceso de aprendizaje y otra el sistema de evaluación.
Por consiguiente, la valoración integral consiste por un lado, en el proceso de obtener continuamente información a partir de fuentes muy variadas como por ejemplo pruebas cortas, talleres, trabajos para realizar en casa, proyectos, presentaciones, observación directa de los desempeños de los estudiantes. Pedacitos de información que, cuando se ponen juntos, cuando se miran en su totalidad, permiten reflejar lo más exactamente posible qué tan bien va alcanzando el estudiante las expectativas que, en términos curriculares, se han establecido para una determinada asignatura, o lo que es lo mismo, "la evaluación para el acompañamiento del proceso de aprendizaje de los estudiantes", que consiste en que el profesor va comunicando en forma apropiada y oportuna los resultados a los estudiantes.
Por otro lado, se refiere al proceso de juzgar la calidad del trabajo del estudiante contra criterios establecidos y asignar algún valor que representa la calidad. Pero de estos dos procesos, es decir, el de obtener información del proceso de aprendizaje y el de juzgar la calidad del trabajo del estudiante mediante la asignación de una nota, es más importante el acompañamiento continuo del proceso de aprendizaje porque es el que nos va a permitir visualizar si los objetivos y logros propuestos en el plan de estudio surten resultados o por el contrario, es necesario replantear los objetivos y como consecuencia de lo anterior echar mano del plan de mejoramiento que debe ir al apar de los objetivos propuestos conforme a la normatividad.
El problema, por lo tanto, radica en que los colegios y el sistema educativo en general están plagados de momentos o de episodios de evaluación para juzgar la calidad y entregar la información a otros y es muy poco lo que se hace en términos de evaluación para el seguimiento.
Entre otras cosas un efecto negativo tremendo de ésta situación es que, como la evaluación no se realiza para ayudar al estudiante sino para juzgarlo, los profesores terminamos generando un temor casi enfermizo hacia la evaluación. Ahora, yo creo que no hay conflicto si se tienen muy claros, conceptualmente, los diferentes propósitos de la evaluación. Si la evaluación para seguimiento se realiza juiciosamente, se cumple el propósito primario. Esta información, junto con evaluaciones hechas para juzgar la calidad y proporcionar una nota, tomadas en conjunto, permitirá al profesor certificar ante la institución en qué grado las expectativas planteadas para la asignatura son cumplidas por los estudiantes y, la institución, a su vez, considerando todas las asignaturas de un grado específico, podrá estar en capacidad de hacer lo propio con los padres de familia.
En suma, si deseamos evaluar el progreso de los estudiantes para llegar a alguna parte, debemos saber a dónde es que se quiere que lleguen. Las expectativas o metas fijadas realmente corresponden a los objetivos finales fijados para una asignatura y para llegar allá el estudiante debe ir venciendo algunos obstáculos que se presentan en el camino; debe ir quemando etapas, y a cada una de éstas etapas corresponden uno o varios objetivos intermedios específicos. Es muy riesgoso generalizar, pero yo creo que la mayoría de los profesores tenemos poca claridad acerca de cuáles son los objetivos de las asignaturas a nuestro cargo y cuándo establecer objetivos; generalmente lo hacemos en una forma confusa, de tal manera que los estudiantes no saben qué es lo que se espera de ellos al final de un curso o en las diferentes etapas intermedias. Esta situación, lógicamente, hace muy difícil la realización de evaluaciones genuinas. Esta es la razón para la insistencia de relacionar siempre la evaluación con las metas o expectativas, generalmente expresadas como objetivos, que se hayan fijado para una asignatura.
REFLEXIÓN
v En primer lugar, que la evaluación debe ser vista como parte integral del proceso de aprendizaje.
v Segundo, la esencia misma de la evaluación es obtener información útil para los estudiantes, para el profesor y para la institución.
v Tercero, la evaluación debe ser continua y permanente.
v Cuarto, las evaluaciones deben ser hechas lo más frecuentemente posible.
v Quinto, en la que desgraciadamente fallamos la mayoría de los profesores, es que la información de retorno sobre los resultados de las evaluaciones debe ser entregada a los estudiantes lo más rápidamente posible buscando que la discusión de las falencias detectadas en el aprendizaje puedan ser corregidas a tiempo por acciones de los estudiantes y del profesor.
El considerar la evaluación como parte integral del proceso de aprendizaje cambia el papel del profesor que la emplea para dar notas y cumplir con los requisitos exigidos por la institución. Su papel se convierte en utilizar los resultados de las evaluaciones para ayudar a los estudiantes a alcanzar los objetivos definidos para la asignatura. La forma de lograrlo será a través de una información de retorno apropiada a los estudiantes en tal forma que les permita estar conscientemente seguros de lo que ya saben y de aquellos aspectos en los que deben mejorar si quieren alcanzar los objetivos propuestos.
Sobre la capacidad de pensamiento crítico, el énfasis de la evaluación debe ser sobre comprensión y aplicación, que promueven este tipo de pensamiento, y no sobre memorización y repetición.
Finalmente, quisiera dejar una última reflexión: lo ideal, en términos de desarrollo de la autonomía en los estudiantes, sería que los procesos, los momentos y las formas de evaluación planteadas por los profesores y por la institución condujeran a desarrollar en el estudiante el hábito de la auto evaluación.
REFLEXIÓN
v En primer lugar, que la evaluación debe ser vista como parte integral del proceso de aprendizaje.
v Segundo, la esencia misma de la evaluación es obtener información útil para los estudiantes, para el profesor y para la institución.
v Tercero, la evaluación debe ser continua y permanente.
v Cuarto, las evaluaciones deben ser hechas lo más frecuentemente posible.
v Quinto, en la que desgraciadamente fallamos la mayoría de los profesores, es que la información de retorno sobre los resultados de las evaluaciones debe ser entregada a los estudiantes lo más rápidamente posible buscando que la discusión de las falencias detectadas en el aprendizaje puedan ser corregidas a tiempo por acciones de los estudiantes y del profesor.
El considerar la evaluación como parte integral del proceso de aprendizaje cambia el papel del profesor que la emplea para dar notas y cumplir con los requisitos exigidos por la institución. Su papel se convierte en utilizar los resultados de las evaluaciones para ayudar a los estudiantes a alcanzar los objetivos definidos para la asignatura. La forma de lograrlo será a través de una información de retorno apropiada a los estudiantes en tal forma que les permita estar conscientemente seguros de lo que ya saben y de aquellos aspectos en los que deben mejorar si quieren alcanzar los objetivos propuestos.
Sobre la capacidad de pensamiento crítico, el énfasis de la evaluación debe ser sobre comprensión y aplicación, que promueven este tipo de pensamiento, y no sobre memorización y repetición.
Finalmente, quisiera dejar una última reflexión: lo ideal, en términos de desarrollo de la autonomía en los estudiantes, sería que los procesos, los momentos y las formas de evaluación planteadas por los profesores y por la institución condujeran a desarrollar en el estudiante el hábito de la auto evaluación.
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